Discriminación en el Perú: Abordando el Desafío

En el contexto empresarial peruano, se presentan numerosas oportunidades que permiten contribuir a la gestación de una sociedad exenta de prácticas discriminatorias. Destacados ejemplos de organizaciones que operan en nuestro país han optado por incorporar la diversidad y la inclusión como pilares transversales en su cadena de valor, evidenciando un compromiso tangible con la promoción de la equidad social.

Empecemos reconociendo el problema: en el tejido social peruano, incluyendo su esfera empresarial, prevalecen la discriminación y el racismo como preocupantes realidades. Estos males sociales, que representan obstáculos significativos para el desarrollo y cohesionamiento de la sociedad, se manifiestan en diversas formas, algunas de las cuales han llegado lamentablemente a ser normalizadas y aceptadas.

Resulta esclarecedor observar algunos datos al respecto: un 31% de la población peruana ha reportado haber experimentado actos discriminatorios en los últimos 12 meses, siendo el color de piel el principal motivo de discriminación en el país, seguido por el nivel de ingresos y características físicas. Además, más de la mitad de la población percibe un alto grado de racismo entre los peruanos, según revela la I Encuesta Nacional sobre Percepciones y Actitudes sobre Diversidad Cultural y Discriminación Étnico-Racial realizada por IPSOS.

La raíz fundamental de este desafío radica en la carencia de políticas públicas efectivas y de iniciativas ciudadanas de gran impacto destinadas a desmantelar las estructuras sociales y culturales que perpetúan divisiones y obstruyen la convivencia en una sociedad basada en el respeto y la tolerancia. Es precisamente en la omisión de discusiones sobre la discriminación donde esta problemática se fortalece. Por consiguiente, integrar el tema de la discriminación en nuestras conversaciones cotidianas y en los procesos de toma de decisiones representa el primer paso para hacerle frente.

Celebrar la Diversidad

En un mundo cada vez más interconectado y diverso, la promoción de la no discriminación se erige como un principio fundamental para fomentar el respeto, la igualdad y la inclusión en todas las esferas de la sociedad. Este imperativo no constituye simplemente un ideal a perseguir, sino un deber moral y legal que exige el reconocimiento y respeto de la humanidad y los derechos inherentes de cada individuo.

Es crucial aceptar que la no discriminación no solo beneficia a los individuos directamente afectados por estas prácticas, sino que también enriquece a la sociedad en su conjunto, promoviendo la creatividad, la innovación y la colaboración entre personas de diversos orígenes y culturas. Al celebrar la diversidad y rechazar la discriminación, estamos contribuyendo a la construcción de un futuro más inclusivo y equitativo para las generaciones venideras.

En el ámbito empresarial, se vislumbran numerosas oportunidades para contribuir a la edificación de una sociedad libre de discriminación. Aunque existen ejemplos destacados de organizaciones que han adoptado la diversidad y la inclusión como valores empresariales fundamentales, es preciso reconocer que estas iniciativas, dada la magnitud del problema y su impacto en el desarrollo del país, resultan insuficientes.

Por ende, es imperativo que los líderes empresariales, independientemente del tamaño o sector de sus empresas, asuman públicamente su compromiso en la lucha contra la discriminación. Esta postura debe reflejarse en políticas y estándares para hacer negocios que promuevan la inclusión y sancionen la discriminación en todas sus formas. Un liderazgo empresarial activo en la creación de valor a partir de la igualdad de oportunidades y el respeto es esencial para abordar eficazmente este desafío social.

Fernando Gonzales L+1 y CEO & Founder de Bigmond Group

Fernando Gonzales

L+1 y CEO & Founder de Bigmond Group