Fuente: Gestión
Autor: Agencia AFP

Cuatro fabricantes en el Reino Unido –Jaguar Land Rover, Mini, Bentley y Lotus– acaban de presentar sus proyectos de coches eléctricos, menos de un mes después de que se inscribiera en la ley británica el objetivo gubernamental de alcanzar la neutralidad de carbono en 2050.

Alentada por las autoridades como respuesta al cambio climático, la industria del automóvil británica pisa el acelerador de su transición hacia la electricidad, aunque encuentra en su ruta desafíos industriales colosales.

Cuatro fabricantes en el Reino Unido –Jaguar Land Rover, Mini, Bentley y Lotus– acaban de presentar sus proyectos de coches eléctricos, menos de un mes después de que se inscribiera en la ley británica el objetivo gubernamental de alcanzar la neutralidad de carbono en el 2050.

Son los clientes quienes motivan a los fabricantes a acelerar en este sentido, señala Adrian Hallmark, director general de la marca de lujo Bentley. «Hay cada vez más consumidores que buscan productos y tecnologías más eficaces y respetuosas del medio ambiente», dice.

En las fábricas, los grupos se adaptan. Mini fabrica desde hace 60 años sus emblemáticos vehículos en su planta de Cowley, cerca de Oxford. En el 2019, el director general de Mini UK, David George, se congratula de la automatización de las operaciones rodeado de un ballet de brazos mecánicos.

«Podemos reaccionar rápidamente a la demanda de los clientes gracias al hecho de que el Mini eléctrico pase exactamente por la misma línea de producción que nuestros coches tradicionales de gasolina», explica mientras detrás suyo avanzan las carrocerías de los futuros vehículos por la larga cadena de montaje.

Pero Peter Wells, profesor de gestión en la Universidad de Cardiff, lamenta que –a diferencia de Nissan con su Leaf, fabricado en el Reino Unido desde el 2013– la industria «solo busque de momento declinar sus modelos diésel y petróleo en versiones híbridas y eléctricas».

«En mi opinión, esta estrategia debe resultar en vehículos menos óptimos», afirma, señalando que sería preferible diseñar modelos específicos para los coches eléctricos.

Megafábrica de baterías
Esta búsqueda del rendimiento industrial tiene lugar en un contexto tenso para el sector del automóvil en el Reino Unido que, pese a la perturbación producida por la emergente conducción autónoma y la preocupación debida al Brexit, espera llevar a la industria a la revolución eléctrica.

El país no está especialmente adelantado en este tema: en Noruega más de un coche nuevo de cada dos vendidos en marzo era eléctrico frente a 5.5% en el Reino Unido.

Sin embargo, según datos de la Asociación de Fabricantes y Vendedores de Automóviles (SMMT), las adquisiciones de coches eléctricos en junio en el país fueron 61,7% superiores a las del mismo mes del año precedente. No obstante, los números siguen siendo bajos: 2,461 vehículos en junio frente a 149,360 de gasolina.

Para ganar velocidad, las autoridades están dispuestas a multiplicar los esfuerzos.

«Ahora somos capaces de acoger una megafábrica de baterías y estamos determinados a realizar esta ambición», acaba de anunciar el ministro de Energía e Industria, Greg Clark.

Esta eventual planta gigante debería imitar la «Gigafactory» de baterías de litio construida en Estados Unidos por la marca de vehículos eléctricos de lujo Tesla.

Un pastel más pequeño
El gobierno británico afirma también apoyar desde el 2013 la instalación de 110,000 puntos domésticos de carga eléctrica y asegura que Reino Unido tiene una red pública de 24,000 puntos de carga.

La SMMT recuerda sin embargo que en octubre pasado el ejecutivo suprimió las subvenciones a la compra que proponía a los compradores de vehículos híbridos y redujo las de los vehículos eléctricos.

«Los fabricantes invirtieron miles de millones para que estos vehículos entren en el mercado pero chocan con decisiones políticas confusas», lamentó Mike Hawes, director general de la SMMT.

En los próximos años, la desproporción entre los dos modos de propulsión debería reducirse o incluso invertirse en el Reino Unido, según Wells. Este advierte sin embargo que será todo el sector del transporte el que viva una revolución en Europa.

«Al final, los vehículos eléctricos tendrán una parte mayor de un pastel más pequeño, porque la flota de automóviles europea disminuirá en su conjunto mientras que mejorarán las alternativas, como la micromovilidad, la movilidad compartida y el transporte público», considera.

fuente extraída de: https://bit.ly/2YCPcyR